Tomé mis cosas y fui por el coche, imaginando entre tanto el camino más propicio para llegar a la casa de mi desconocida paciente. Eran veinte kilómetros más o menos.
domingo, 13 de abril de 2008
En el cuerpo equivocado
Tomé mis cosas y fui por el coche, imaginando entre tanto el camino más propicio para llegar a la casa de mi desconocida paciente. Eran veinte kilómetros más o menos.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Carta de amor de "El" hombre a "La" mujer
Abdica ante tí, la luna, el eterno reinado de los cielos nocturnos.
No se comparan contigo las miríadas de estrellas que te cortejan, ni el vago rumor del mar, ansioso por alcanzarte.
Te escribo desde el confín de los tiempos, desde el origen de la conciencia. Como un sonámbulo dispuesto a esperar toda la vida tu respuesta.
Te escribo bajo el hechizo de tus miles de rostros, de tus cientos de nombres.
¿Cuánto tiempo habré de esperar la caricia de tus palabras?
¿Cuánto por acercarme a tu ser?
¿Cuánto por navegarlo?
Esculpen tu cuerpo en el mármol los cinceles más diestros. Cantan las aves imitando tu voz y dedica el poeta su obra a tu sola existencia. Y yo no puedo más que escribirte esta carta.
Rogaré que despierte tu atención por un instante y descubras lo que encierra.
Quien te ha amado desde siempre. Aquel que será cientos de hombres y que ha sido otros tantos.
Amada mujer:
Tú eres todas las mujeres.
¿Yo?
ORIÓN
domingo, 10 de febrero de 2008
La memoria, a pedazos
Confío en mis instintos y en mi armadura, hecha con el metal de mis recuerdos. Un viejo herrero ciego, Nubis, descubrió una fórmula alquímica capaz de transformar los textos de los libros en pedazos de metal.
Mi condición de viajero me proporcionó la costumbre de registrarlo todo en un diario de viajes. Descripciones de paisajes maravillosos, encuentros desafortunados con criaturas terribles y episodios rutinarios de la vida de un caballero, mezclados en una fuente, fueron suficientes para obtener este atuendo plateado que porto hace unos años.
La carga se aligera luego de recorrer tramos extensos. En un determinado instante, siento como si una parte de mí dejara de existir. En realidad, pierdo trozos de la coraza en el camino y, pese a mis esfuerzos, no consigo recomponerla. Las razones de esta insólita situación exceden mi limitado razonamiento. Algunos pensarán en una maldición de hechiceros por un ajuste de cuentas. ¡Supercherías de pueblo ignorante! Un caballero no cree en esas habladurías o, por lo menos, no debería creerlas, aunque parezcan tan convincentes.
A veces, me detengo unos segundos y trato de recordar de dónde partí. Es inútil, sólo vagas imágenes de lugares por los que alguna vez anduve, aparecen en mis pensamientos.
Resulta extraño, avanzo muy rápido y el castillo parece alejarse. Los pájaros vuelan hacia el horizonte hasta un punto donde emprenden el regreso. A unos kilómetros de aquí, se encuentra el Bosque de los mil árboles. Hace unos días que conocía un atajo para no pasar por ese lugar, sobre todo por el Paso del ensueño. Ahora, no me acuerdo nada de caminos y atajos. Lugares, rostros, historias de caballeros valientes me acompañaron durante toda la vida. Hoy son borrones y no puedo retenerlos.
Los instintos resultan mi única guía. También esta armadura forjada con el metal de mis recuerdos por un viejo ciego, cuyo nombre me olvidé. Un pedazo de la cobertura de mi pecho se acaba de desprender. Lo levanto pero se hace polvo en mis dedos. El aroma que expele me resulta familiar, aunque no identifico de qué se trata. Los pájaros están regresando en bandadas grandísimas. Seguro, ese ruido tenebroso desde el Bosque, a unos kilómetros de aquí, los ahuyentó. Tal vez se trate de una criatura de la oscuridad. Sin embargo, su llanto agudo es identificable y éste es diferente.
El llanto cesó y el silencio se apoderó de la noche. Creo que dormí unas horas junto al pie de este árbol gigante. La tierra está húmeda y estoy rodeado de un polvo que huele bien. Siento frío en mis pies desnudos. Posiblemente, las huellas en dirección a este árbol me pertenezcan. No pueden ser mías, tengo los pies limpios. Ya está amaneciendo. El rocío que cae de las hojas se disuelve en la tierra.
A unos pocos kilómetros, se divisa un enorme castillo. Tal vez alguien viva allí y pueda decirme dónde estoy. Soñé que era un caballero y mi misión, rescatar a una princesa de las garras de un feroz ogro. Conservo en mi memoria el hermoso rostro de la doncella del sueño. El último trozo de una armadura que porto se acaba de soltar.
Una sensación de libertad recorre ahora mi cuerpo y, por más que intente recordar el rostro que se refleja en el lago, aún no logro saber quién soy ni qué hago frente a un castillo vacío.
Pablo Arahuete
jueves, 17 de enero de 2008
Despojado de azul
un papel tornasol, un suspiro de luz,
tus manos que en mi espalda acunan un sinfín de palomas blancas
y esa fragancia que persiste en cada pétalo de tiempo que deshojamos juntos.
Me seducen entonces las tormentas,
un capricho de amor, un reloj inconciente.
Perseveran los besos en su afán de convencernos de que puede ser eterno cada momento.
Pero un nuevo amanecer nos descubre insolente,
despojado de azul,
sin piedad ni argumento.
domingo, 23 de diciembre de 2007
La inercia de las no palabras
Debió conformarse con montar unicornios y burros en el lapso que duró su encantamiento por la calesita, antes de volcarse, en forma definitiva, a la lectura y, posteriormente, a la escritura. Y ahí se encontraba, abrumado por la hoja que seguía igual de blanca, a la espera de alguna frase inspirada, o comentario acerca de las medialunas que había cuidado con recelo.Pablo Ernesto Arahuete




