Nos llegó ayer, y pensamos que podría ser del interés de nuestros lectores. Esperamos, les sea de mucho provecho.
Patricio/ AlexB/ Demian
BASES DEL PREMIO DE NARRATIVA "GUADALQUIVIR" PARA AUTORES NOVELES 2008
1.- Podrán concurrir a este Certamen cualquier escritor que no haya publicado ninguna obra de narrativa, con trabajos escritos en lengua castellana y en prosa.
2.- La temática y el contenido de los trabajos será libre, pudiéndose presentar más de un trabajo por autor.
3.- Cada trabajo deberá tener una extensión mínima de 200 páginas y máxima de 400, han de ser originales e inéditos, en Tipografía Arial, Times new Roman o Garamond, cuerpo 12 y con espaciado de 1,5.
4.- El plazo de admisión de los trabajos finalizará el domingo 31 de agosto.
5.- Los trabajos se remitirán cumpliendo los siguientes requisitos:
Se enviarán a través de la página Web http://www.premioguadalviquir.com/siguiendo las instrucciones que allí se indican.
Se enviarán dos archivos: uno con la obra que se deberá titular como la misma y otro con la plica que se llamara "plica [titulo de la obra]" en la que deberán figurar los siguientes datos: nombre y apellidos, nacionalidad, direccion, teléfono y cuenta de correo electrónico.
6.- El jurado calificador estará compuesto por 5 miembros cualificados de los que tres serán designados por la editorial y dos por la Escuela Andaluza de Escritores (http://escribes.es/). Dicho jurado emitirá el fallo, que será inapelable, en un acto público que se celebrará antes del viernes 31 de octubre.
7.- Los autores galardonados comprometerán su asistencia al Acto público, en cuyo transcurso harán una breve presentación de sus trabajos, recibiendo los premios que les correspondan.Ante la ausencia del interesado, este podrá delegar en otra persona autorizada por él, la cual portará documentos acreditativos del autor. Faltando ambos, el premio se considerará desierto.
8. El premio consistirá: para el primer premio, la publicación de la obra por parte de RD Editores en una colección creada a tal efecto. De la misma manera firmará un contrato de edición con dicha editorial de donde se devengaran anualmente las liquidaciones en concepto de derecho de autor.
9.- Todos los trabajos originales, quedarán en poder de la editorial para su posterior publicación, si procede. En caso de ser publicado deberá constar, el premio obtenido y una mención a la Escuela Andaluza de Escritores y RD Editores.Los trabajos no premiados serán destruidos a los tres días del fallo del jurado.
10.- Si de todos los trabajos presentados, ninguno de ellos tuviera la suficiente calidad requerida por el jurado Calificador, este podrá declarar el primer premio desierto, al igual que los finalistas.
11.- El hecho de tomar parte en el Premio de Narrativa "Guadalquivir" para autores noveles supone el conocimiento y total aceptación de estas bases.
Composición del Jurado del Premio Guadalquivir de narrativa para autores noveles.
Presidente : Rogelio Delgado Romero (Director General de RD Editores)
Jurado : Pablo Rodríguez Balbontín
Licenciado en Teoría de la literatura y literatura comparada por la universidad de Granada y Licenciado en Filosofía pura por la universidad de Sevilla. Máster internacional de escritura para cine y televisión por la universidad autónoma de Barcelona. Seleccionado entre los 8 mejores jóvenes escritores andaluces del año 2006 para la Feria Internacional del Libro de México con el relato Pájaro, mujer y yermo. Publicado en la revista: Punto de partida Nº148. Autor del libro Yo sobre la tierra , Padilla Editores, Sevilla, 2005.
Andrés Nadal: Es el director de la Escuela Andaluza de Escritores, que se encuentra en Sevilla.
Después de licenciarse en historia y en antropología se dedicó profesionalmente al mundo del libro y a la informática. Desde el año 1993 enseña técnicas de escritura creativa. Se ha especializado en la estructura de la novela y en la aplicación de la informática en la estructura narrativa. Ha dirigido muchos equipos de trabajo, desde pequeños grupos con una docena de personas en empresas muy especializadas hasta grandes equipos en organizaciones de ámbito estatal. Ha contribuido a la técnica de la escritura con estudios sobre la estructura de la novela y las relaciones entre los personajes.
Andrés Sorel: Nacido en Segovia de padre castellano y madre andaluza, actualmente es Director de la Asociación de Escritores de España y director de la revista República de las Letras . Ha colaborado en los principales diarios españoles y fue fundador y presidente del diario Liberación. Tiene publicados cuarenta libros, entre novela y ensayo, y ha sido traducido al inglés, rumano, eslovaco y portugués. Su vida puede considerarse inmersa en una sola palabra: compromiso. Ahí radica su patria, su lenguaje, la síntesis de su biografía. Confiesa ser escritor no correcto, ni política ni literariamente. Situado al margen de los usos y exigencias del mercado literario, rechaza las normas y prácticas de una "literatura a la que matan la gramática y el estilo" (Samuel Beckett). "Mera máscara". Piensa que su obra es su vida. Por eso escribe sobre los vencidos, para denunciar a los inmorales, corruptos personajes políticos o literarios que denominan como protagonistas de la historia y aparecen sonrientes y comedidos o prepotentes en los medios de la incomunicación, la desinformación y la mentira institucionalizada. Algunas de sus obras más conocidas son Las voces del Estrecho (1999), La noche en que fui traicionada (2002), Guerra antifranquista (2002), Concierto en Sevilla (2003), Apócrifo de Luis Cernuda (2004), Jesús, el hombre sin evangelios (2005), Mañana, Cuba (2005) y Siglo XX. Tiempo de canallas (2006) y La caverna del Comunismo (2008).
Rafael de Cózar: Nace en 1951, en Tetuán (Marruecos). A partir de los once años reside en Cádiz, lugar donde inicia su actividad artística como pintor. En Cádiz participa en la fundación del grupo literario «Marejada». Se doctora en Filología Hispánica, y a partir de 1972 cambia su lugar de residencia a Sevilla, donde actualmente ejerce la labor de profesor titular de Literatura Española.
Es también miembro asesor del Centro Andaluz de las Letras así como de la Comisión de Ayudas a la Edición de la Consejería de Cultura (Junta de Andalucía). Entre 1982 y 2002 ha sido Presidente de la Sección Andaluza de la Asociación Colegial de Escritores de España. Como poeta es autor de Ojos de uva (1988), Entre Chinatown y Riverside: los ángeles guardianes (1987) y Poesía (1988) y Con-cierto visual sentido (2006). Es autor también de novelas como Motín de la Residencia (l978), El Corazón de los trapos (1996) que obtuvo el Premio Vargas Llosas y de libros de relatos, Bocetos de los sueños (2001). A parte de su tarea como escritor, ha sido director Literario de la Editorial «El Carro de la Nieve » y colaborador en diversos medios ( ABC , Informaciones , Diario 16 , Canal Sur). Ha recibido numeroso premios, entre los que cabe destacar, aparte del ya citado, el Premio Extraordinario de Doctorado (l985); Premio «Ciudad de Sevilla» para Tesis doctorales (l986) por la obra Poesía e imagen . Y ha sido finalista de los premios de poesía «Ricardo Molina» de Córdoba y «Rafael Montesinos» de Sevilla.
Juan José Téllez: Nació en Algeciras, 1958 y cursó estudios de Historia en Cádiz .Ha trabajado en Diario 16, en la agencia Efe, en la cadena Ser, ha escrito guiones para el "Loco de la Colina ", frecuenta los platós de Canal Sur y tiene un programa de radio sobre la inmigración, Bienvenidos , que le ha hecho merecedor de un premio Ondas. También ha trabajado en Europa Sur, que ha dirigido, en Diario de Sevilla y en Diario de Cádiz. Ha publicado seis libros de poemas entre 1979 y 2000: Crónicas Urbanas , Medina y otras memorias , Ciudad sumergida , Bambú, Daiquiri y Trasatlántico . También ha publicado varios libros de relatos, Territorio estrecho , Amor negro , El lobo pálido y Main street , así como diversos ensayos de corte periodístico: Moros en la costa , Paco de Lucía en vivo o Gibraltar, en el tiempo de los espías , entre otros.
Secretario: Ignacio García Alonso (Subdirector RD Editores)
domingo, 10 de agosto de 2008
domingo, 27 de julio de 2008
Joven caballero
Bla, ble, bli, blo, blu. Bla!. Blablá. Hace mucho, mucho tiempo, conocí una doncella. Desde la almena de la torre en la que estaba prisionera me gritó: “Caballero, los hombres hacen de las palabras que conocen sus inexpugnables castillos”.
Sorprendido por aquellas palabras, grité: “No se preocupe bella doncella, he venido a liberarla”. Desmonté, me quité la pesada armadura y escalé la torre dificultosamente. La doncella no estaba contenta de mi heroica acción, miraba mis ojos con odio de huérfana; desconcertado pregunté: “¿Qué pasa?, en tus ojos sólo veo odio. Arriesgué mi vida escalando esta torre, ¿acaso no deseabas ser rescatada? ¿No eres víctima de un hechizo? ¿Prisionera de un dragón?.”. Con más odio me miró, dijo enfurecida: ”Acaso no has escuchado lo que he dicho. No estoy en esta torre para ser rescatada. La he levantado con mis palabras, desde aquí veo el mundo sin necesidad de viajar en todas direcciones.” No respondí; avergonzado, herido en el orgullo, me fui.
Cabalgué largas horas a través de un hermoso valle, los margaritones alegraban mis ojos y el cielo mostraba su mejor rostro. “Buena señal”, me dije. Era un joven caballero, el desaire de una doncella no desanimaría fácilmente mi férrea voluntad. Abandoné el frustrante episodio en el laberinto de la memoria, y juré acudir al primer pedido de socorro sin vacilar.
Un poderoso castillo clavado en la cima de una colina, invitábame a probar mi valentía. El puente levadizo estaba bajo, las inmensas puertas de madera abiertas de par en par, un enorme foso vacío rodeaba a la construcción. Nadie me recibió, ni anunció mi llegada, deduje que el lugar estaba abandonado a causa de una peste, o de una invasión enemiga.
Desmonté en el patio principal dispuesto a explorar cada dependencia a pie, pero un grito misterioso me obligó a desenfundar la espada: “¿Quién eres?”. “Soy un caballero que ha jurado hacer el bien, ¿tú quién eres?.”, pregunté. Las puertas del establo crujieron al abrirse lentamente. Un hombre de un metro cincuenta de estatura, pelirrojo, barbudo, ojos vivos, vestido con una capa roja que envolvía todo su cuerpo, me sorprendió diciendo, “Inclínate ante el rey de Yolosé”. No cuestioné su pedido, arrodillado ante el pequeño hombre, besé su mano.
Sorprendido por aquellas palabras, grité: “No se preocupe bella doncella, he venido a liberarla”. Desmonté, me quité la pesada armadura y escalé la torre dificultosamente. La doncella no estaba contenta de mi heroica acción, miraba mis ojos con odio de huérfana; desconcertado pregunté: “¿Qué pasa?, en tus ojos sólo veo odio. Arriesgué mi vida escalando esta torre, ¿acaso no deseabas ser rescatada? ¿No eres víctima de un hechizo? ¿Prisionera de un dragón?.”. Con más odio me miró, dijo enfurecida: ”Acaso no has escuchado lo que he dicho. No estoy en esta torre para ser rescatada. La he levantado con mis palabras, desde aquí veo el mundo sin necesidad de viajar en todas direcciones.” No respondí; avergonzado, herido en el orgullo, me fui.
Cabalgué largas horas a través de un hermoso valle, los margaritones alegraban mis ojos y el cielo mostraba su mejor rostro. “Buena señal”, me dije. Era un joven caballero, el desaire de una doncella no desanimaría fácilmente mi férrea voluntad. Abandoné el frustrante episodio en el laberinto de la memoria, y juré acudir al primer pedido de socorro sin vacilar.
Un poderoso castillo clavado en la cima de una colina, invitábame a probar mi valentía. El puente levadizo estaba bajo, las inmensas puertas de madera abiertas de par en par, un enorme foso vacío rodeaba a la construcción. Nadie me recibió, ni anunció mi llegada, deduje que el lugar estaba abandonado a causa de una peste, o de una invasión enemiga.
Desmonté en el patio principal dispuesto a explorar cada dependencia a pie, pero un grito misterioso me obligó a desenfundar la espada: “¿Quién eres?”. “Soy un caballero que ha jurado hacer el bien, ¿tú quién eres?.”, pregunté. Las puertas del establo crujieron al abrirse lentamente. Un hombre de un metro cincuenta de estatura, pelirrojo, barbudo, ojos vivos, vestido con una capa roja que envolvía todo su cuerpo, me sorprendió diciendo, “Inclínate ante el rey de Yolosé”. No cuestioné su pedido, arrodillado ante el pequeño hombre, besé su mano.
-¿Qué ha pasado con tu reino?- pregunté.
-Este es mi reino, ¿no lo ves?. Lo he construido con mis propias palabras desde los cimientos…
-Pero no hay súbditos, juglares, nobles… ¿y tu reina?
-Mi reina vive en su castillo. No necesito súbditos, nobles, ni juglares. No necesito sus palabras…
-No entiendo, ¿qué valor puede tener tú palabra si no la compartes con nadie? Eres el rey de un reino muerto…
-Joven caballero…mi reina, los nobles, los súbditos y los juglares han construido sus moradas…algunos tienen castillos y otros humildes casas. Todo depende de las palabras -contestó con impaciencia.
-Comprendo… pero eso no explica la soledad de este reino…
-¡Tras los muros de nuestras palabras juzgamos el mundo! -respondió con fastidio, y señaló la puerta invitándome a salir de su castillo.
Me fui sin saludar, pensando en no regresar jamás. Una doncella que no quería ser rescatada, un rey sin reina, ni reino. Era demasiado. Sentencié porfiadamente que el día no culminaría sin que yo, Pedro Della Cabeza, realizara una buena acción.
El camino de la montaña era estrecho y tortuoso, cuando llegué al llano agradecí la fidelidad de mi caballo, ambos necesitábamos descansar. Caminé entre los inmensos robles de un bosque interminable, hasta que vi las chozas de lo que parecía un mísero poblado. Supuse que era acosado por un recaudador de impuestos. Me presenté ante el primer hombre que crucé, le propuse me diera albergue y alimento a cambio de mis servicios. Todos los habitantes del lugar me rodearon; el líder, un hombre robusto, de rulos negros como el carbón y mirada bondadosa, me dijo:
El camino de la montaña era estrecho y tortuoso, cuando llegué al llano agradecí la fidelidad de mi caballo, ambos necesitábamos descansar. Caminé entre los inmensos robles de un bosque interminable, hasta que vi las chozas de lo que parecía un mísero poblado. Supuse que era acosado por un recaudador de impuestos. Me presenté ante el primer hombre que crucé, le propuse me diera albergue y alimento a cambio de mis servicios. Todos los habitantes del lugar me rodearon; el líder, un hombre robusto, de rulos negros como el carbón y mirada bondadosa, me dijo:
-No te necesitamos caballero.
-¿Por qué?, están vestidos con harapos, sus chozas son de paja. Este pueblo parece una aldea bárbara…
-Lo que ves es lo que hemos podido construir, el recaudador de impuestos nos quita demasiado oro por pocas…
-Pídeme que haga justicia, y le cortaré la cabeza, con el oro que ahorrarán levantarán una ciudad…
-No, joven caballero. Eso sería una locura, el recaudador a cambio del oro nos da las palabras, con las cuales construimos nuestros hogares. Somos ignorantes, si lo matas ¿quién nos dará palabras?, ¿tú? Otro recaudador vendrá…
-Pídeme que lo castigue para que el pago sea justo…
-Entonces, cuando te vayas, nos dará palabras vulgares, condenándonos a la ignorancia. Vete caballero, no hay lugar para ti…
Al borde de la ira caminé hasta un claro del bosque, encendí una fogata, pues el ocaso era inminente, quité todas las ataduras a mi fiel caballo y lo liberé dándole un chirlo en las ancas, enterré la pesada armadura al pie de un roble. En el centro del claro señalé el cielo con la espada y la clavé en el suelo gritando: “Me has engañado, de qué sirve ser un caballero errante, que por obra debe hacer el bien, si no hay doncellas que rescatar, reinos que salvar o campesinos que ayudar” Lloré abrazado a mi espada, una lágrima corrió por su afilada hoja hasta sumergirse en la tierra que había herido.
De la herida nació una dama blanca como la nieve, de rostro calmo y mirada celeste, desenterró la espada y dijo: “Joven caballero, nadie te ha engañado, toma esta flauta, ve de reino en reino, recitando los versos que tu corazón manda, y verás como en poco tiempo logras hacer el bien sin tu espada”.
Así fue, rescaté bellas doncellas de sus palabras, regalé cuanta palabra pude a los campesinos de todos los feudos, las distancias de un reino a otro se acortaron con mis versos y hasta los prejuicios huyeron.
Veglia
domingo, 22 de junio de 2008
Después de la lluvia
Las gotas de lluvia lograron escabullirse por los resquicios de tierra seca del jardín. Viajaron, subterráneas hasta llegar al corazón de la semilla y al final la aventura. Unos cambios repentinos y, de pronto, la lucha por convertirse en tallo, luego, en flor. Salir de la más absoluta oscuridad hacia los primeros rayos de sol.
Se dejaba abrazar por la danzante brisa del revoloteo caprichoso, que jugaba entre los tallos cercanos, hasta el atardecer. Apuntó hacia el cielo y, luego de un descanso eterno, se desperezó. Entendió: por fin era el momento de crecer y así sus capullos rojos, mientras sus pies se afirmaban en las profundidades de la tierra, se extendieron. El sol se escondió detrás de la luna, que la acompañó con su luz durante todo el sueño. Los grillos desafinados no interrumpieron su viaje onírico por otros jardines; por otros cuerpos diferentes con formas inalcanzables. Los tibios rayos acariciaron sus primeros pétalos, acobardados en salir. Tímidamente, comenzaron a desenrollarse.
Firme en el suelo, presa de un impulso inexplicable pero maravilloso, sintió la necesidad de erguirse, de modificar su antigua posición reposada y adoptar una más desafiante. El cosquilleo suave de las pisadas de las hormigas le producía una alegría inmensa. Entonces, despedía un perfume dulce que, junto al viento, paseaba entre otras flores. Así, un día tras otro, de repente un empujón asesino, sacudió su estructura corporal. Se aferró a la tierra, donde las partículas se desplazaban en todas direcciones, y formaban una cortina de color negro. Un silbido agudo, siniestro, desde un lugar desconocido, acompañaba la lucha. De izquierda a derecha, empecinada en no rendirse ante el embate furioso, soportó con estoicismo el zarandeo y corrió el riesgo de quebrarse. Algunos de sus pétalos más viejos no lograron mantener el abrazo durante la batalla y quedaron flotando en el aire.
Todo lo peor pareció haber terminado. El tallo herido no sentía la fuerza expulsora a su alrededor, las partículas de tierra ya no se movían de su lugar. Y el silbido agudo había desaparecido. Exhausta, con un par de pétalos a punto de despojarse y con la luna como único testigo ocular de la masacre, se dejó atrapar en el sueño hasta la mañana siguiente, donde el sol curó sus heridas, una por una.
Y un día se secó.
Pablo Arahuete
sábado, 10 de mayo de 2008
... Y el mar los traerá
Anónimo, en el muelle,
busco el reflejo de la luna.
Entre pescadores, cañas firmes y arrebatadas,
mi línea silente se escurre.
Las pipas,
suspendidas,
laten al calor del silencio.
El viejo acomoda su gorra y tira
el niño limpia los baldes,
la perra coquetea con el abismo.
Y el mar seduce a los hombres
con ofrendas de peces.
busco el reflejo de la luna.
Entre pescadores, cañas firmes y arrebatadas,
mi línea silente se escurre.
Las pipas,
suspendidas,
laten al calor del silencio.
El viejo acomoda su gorra y tira
el niño limpia los baldes,
la perra coquetea con el abismo.
Y el mar seduce a los hombres
con ofrendas de peces.
Anónimo, desde el fondo,persigo el reflejo y quedo atrapado
Entre las algas, corales brillantes e indiferentes,
mis agallas heridas se quiebran.
Las aletas sacuden el viento,
la sangre recoge la sal,
la boca expulsa baba
El viejo
me espera
bajo el humo impune de su pipa
el niño raspa mis escamas ardientes
y ríe
la perra juega con mi ojo
al borde del abismo
Y el mar ahoga el grito de las rocas
con cantos de espuma.
Anónimo, en la superficie,el reflejo de la luna
se disipa.
Entre las olas,
aves rasantes y asesinas,
la línea tensa avisa.
Mi caña arrastra la corriente
y despierta su ira.
Repta,
sube y baja
con la marea,
lucha,
coletea,
pero mi anzuelo se queda
El viejo corta las agallas
y festeja,
el niño recoge las cañas,
agrupa las cabezas
la perra olfatea el abismo,
se alejan
Y el mar los atormenta
con su grandeza obscena.
Anónimo, sentado al borde del abismo,recuerdo el reflejo de la luna.
Entre los espectros,
cañas firmes y pipas humeantes,
mi abuelo con su perra y yo
atento con mi balde.
Los arrojo bien lejos
Y el Mar
con su mueca eterna
los trae de nuevo
PABLO E. ARAHUETE
domingo, 13 de abril de 2008
En el cuerpo equivocado
Todo está oscuro hace ya meses.
Me siento encerrado, preso. Apenas recuerdo el accidente. O mejor dicho, el atentado.
Imagino los tubos que colgarán de mi cuerpo, las sondas, los monitores. Ese ruido insoportable del respirador… Me cuesta recordar, insisto, pero he de hacer un esfuerzo.
No quisiera despertar y que mi amnesia los favorezca.
Mi mujer. Mi mejor amigo.
Y yo aquí postrado e inconciente.
¿O acaso estuve conciente siquiera en algún momento? ¿Cómo no me daba cuenta?. Si hasta escucho sus voces regodeándose con el embarazo y la proximidad del parto. ¿No tienen pudor?
Salí con mi auto aquella noche en la que él había venido a cenar a casa.
- ¿Quieres que te acompañe?. Me dijo.
- Como quieras.
Tomé mis cosas y fui por el coche, imaginando entre tanto el camino más propicio para llegar a la casa de mi desconocida paciente. Eran veinte kilómetros más o menos.
Tomé mis cosas y fui por el coche, imaginando entre tanto el camino más propicio para llegar a la casa de mi desconocida paciente. Eran veinte kilómetros más o menos.
Luego supe como ellos aprovecharon mi ausencia en mi propio dormitorio. Recuerdo haber recorrido unos diez o doce kilómetros por lo menos, ya que estoy seguro de haber dejado atrás la estación de servicio nueva. Pero es inútil ver más allá.
Fue como un fogonazo, un dolor insostenible, las sirenas y el silencio. Un silencio que duró semanas o quizás meses. No podría precisarlo.
De pronto volví a sentir mi cuerpo, aunque en realidad no podía moverme. Era como estar flotando desnudo sin poder sostenerme a mi mismo.
Lentamente, he ido recuperándome. Ya hace tiempo que puedo moverme. Como médico, he trabajado en salas de terapia intensiva y creía que estando en coma, el paciente no podía oír a quienes lo rodeaban.
Pues bien: Estaba equivocado. A ellos los escucho a diario.
Así supe de como habían planeado cobrar el seguro, del sabotaje al sistema de frenos del auto, de la llamada falsa en medio de la noche por una niñita con fiebre y, sobretodo, de la lujuriosa celebración que llevaron a cuando supieron que yo no regresaría aquella noche.
Pero lo más hiriente, lo insoportable, lo que no puedo tolerar es escuchar las palabras de ella hablando del bebé y del futuro de los tres como dándome por muerto.
No se imaginan que voy a despertar pronto y podré atestiguar todo lo que sé.
Por cierto, siento que ya puedo levantarme. Si bien estoy débil, ha llegado el momento esperado.
Hoy he de lograrlo. Debe ser así.
Me duele hasta el último hueso. Mi cabeza oprimida parece a punto de estallar.
Alguien me toma con fuerza de ella y … Ahí voy. ¡Estoy abriendo los ojos!.
¡Oh no!... Estoy naciendo. Y pensar que tampoco creía en la reencarnación.
Lucio (2007)
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